Este Alan, ¡otra vez sale con sus cosas y no cumple nada!
Mateo me miró con esos ojos penetrantes, y la cara llena de burla y desprecio.
Me di la vuelta, fastidiada, y encima me topo con la cara igual de irritante de Camila.
Me tapé la cara con la revista. Pensé: “Esto va a ser un viaje larguísimo.”
Por suerte, cuando el avión despegó y se estabilizó, el sonido constante me ayudó a calmarme. Sin darme cuenta, me quedé bien dormida.
Dormía tranquila, hasta que la vocecita de Camila empezó a moles