Era una tienda especializada en artesanías y pequeños artículos decorativos.
A primera vista, los productos eran delicados y originales.
Había muchas parejas jóvenes paseando por dentro.
Entré, y Mateo me siguió, preguntando con un tono seco:
—¿No dijiste que tenías hambre y querías buscar algo para comer?
—No hay prisa, quiero mirar un poco primero —le respondí sin siquiera girarme.
Mateo suspiró desde atrás, y su tono llevaba más rabia:
—¡Tú no tendrás prisa, pero yo sí! Aurora, te lo advierto