Rápido, le hablé:
—Señor Ferrucho, espere.
Alan se sorprendió un momento y volteó a mirarme:
—¿Qué pasa, Aurora?
—Oye, ¿dónde está mi habitación?
Alan me miró con cara de sorpresa:
—¿Pero esta no es tu habitación?
Después vio la bolsa que llevaba y preguntó:
—¿No quieres quedarte aquí? Esta es la única suite presidencial que reservé, la mejor del hotel.
—Pero esta es la habitación de Mateo.
Alan se rio con picardía:
—¿Su habitación no es tuya? Ustedes fueron esposos, durmieron juntos. ¿Para qué