Eh...
Alan se quejó:
—Ya, ya, no voy a discutir contigo. Me voy a dormir.
Se volteó y dio un par de pasos, pero recordó algo y volvió rápido para decirle algo a Mateo:
—No te olvides de comprarme mi abrigo de piel.
—Ya te mandé el dinero. Cómpralo tú.
Alan abrió mucho los ojos y revisó su teléfono.
Después de un rato, se rio entre dientes:
—Me mandaste algo extra. Luego te traigo uno también.
—No hace falta —dijo Mateo con un tono indiferente.
Alan insistió:
—Entonces se lo compro a Aurora.
—¡No