—Mateo...
De repente, la voz suave y algo agitada de Camila llegó desde atrás.
Sentí una molestia en mi pecho.
Al voltear, la vi corriendo hacia mí, agarrándose el abdomen.
Era una mañana fría de otoño.
Ella llevaba un vestido de encaje de manga larga y el viento le había dejado las mejillas coloradas.
Venía con los ojos llenos de lágrimas, mirándome con una tristeza que pedía ayuda.
Miré en silencio a Mateo.
Vi que su atención estaba totalmente en Camila, que se acercaba rápido. Su expresión, u