Capítulo 257
¡Bum, bum, bum!

Los golpes en la puerta me hicieron dar un brinco.

—¡Ay! —empujé con todas mis fuerzas al hombre que tenía frente a mí.

¡Qué vergüenza!

¿En serio este tipo estaba a punto de hacer eso y ni siquiera cerró la puerta?

¡Y yo que había pedido comida!

El repartidor estaba ahí parado, viéndome, incómodo:

—Pe-perdón señorita... su... su pedido.

Me ardía la cara de pura vergüenza. No podía ni verlo a los ojos.

Y Mateo...

Él, tan tranquilo, solo se arreglaba la camisa mientras seguía senta
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