Mateo estaba tan cerca de mí que podía sentir su aliento.
Su mano grande presionaba la parte de adelante de mi cabeza, y sus labios calientes rozaban mi oreja.
Todo mi cuerpo estaba tenso. Sentía su respiración caliente en mi cuello y eso me estremecía.
Asustada, susurré:
—Mateo...
Él se rio directo a mi oído:
—Una mujer que ha sido mía, aunque ya no la quiera, no permitiré que otro siquiera pueda desearla. Entonces dime, ¿qué crees que hice con Ryan?
Temblaba, sin atreverme a responder.
Era la