De pronto, un grito agudo resonó desde dentro del cuarto.
Enseguida, todos miramos hacia adentro al mismo tiempo.
Yo también, empujada por la curiosidad, me asomé a mirar.
Pero, en cuanto vi lo que había dentro, me arrepentí al instante. Solo un vistazo bastó para que el estómago se me revolviera de puro asco.
Me giré rápido y vomité contra la pared.
Era un dedo. Ya estaba medio podrido, y en él se movían pequeños gusanitos.
Por primera vez en mi vida, no quise tener tan buena vista. Lo vi todo