En la bandeja del camarero que estaba al lado había un sacacorchos. Lo tomé y, con movimientos ya muy familiares, abrí la botella.
Un segundo después, la señorita Renata se rio, burlona.
—Antes eras muchacha de bar, ¿verdad? Mira qué habilidad… qué práctica tienes abriendo botellas.
Quise blanquear los ojos.
La señorita Renata lo hacía a propósito, ¿no? Tenía que lanzarme un par de comentarios sarcásticos, sin miedo a quedar mal delante de sus futuros suegros.
Con calma, le seguí sirviendo el vi