Junto a la señora García también estaba de pie un hombre de mediana edad, de porte distinguido, que hacía muy buena pareja con ella. Seguramente era el padre de Ricardo. De repente, me di cuenta de que varias personas importantes estaban en el lugar.
Por suerte, la señorita Alma no estaba allí, porque si ella veía lo que yo estaba a punto de hacer, seguro iba a empezar a darle vueltas a todo otra vez y a sospechar de mi lealtad.
En realidad, antes también había pensado si le debía contar a la se