El camarero venía con una botella de vino tinto en la mano. Sin darme cuenta, apreté el plato que tenía y clavé la vista en esa botella; el plan del señor Felipe ya estaba a punto de arrancar. La verdad era que, por mucho que Mateo me repitiera que el señor Pedro iba a manejarlo todo, yo seguía muy nerviosa; porque, lo miraras como lo miraras, si el señor Pedro caía en la trampa o si la esquivaba, el resultado para Mateo y para mí iba a ser malo.
¿Y ahora qué iba a hacer?
Mientras más cerca esta