—¿Por qué sigues aquí parada? Ve rápido a buscar a Darío; si no, luego va a volver a desquitarse contigo.
¡Qué bien actuaba!
No era más que una insinuación para que yo actuara rápido. Para evitar problemas, me tragué una maldición en silencio y, acto seguido, alcé la botella de vino tinto. Siguiendo al pie de la letra el guion que el señor Felipe me había explicado de antemano, le hablé al señor Pedro:
—Señor Pedro, aquí tengo una botella. La señorita Alma me pidió que se la entregara especialme