Capítulo 2012
La noche estaba iluminada por incontables hileras de lámparas de cristal que, vistas desde lejos, parecían estrellas flotando en el aire. Una alfombra carmesí recorría el centro del jardín de extremo a extremo, y a ambos lados la flanqueaban candelabros dorados con velas de cera de abeja que perfumaban el ambiente. El césped estaba recortado con precisión milimétrica, y cada cinco metros había una lámpara de pie decorada con rosas entrelazadas. Con tanta luz, hasta las gotitas de rocío sobre las