Ricardo estaba a punto de responder cuando el señor Felipe golpeó el suelo con su bastón. No lo hizo con mucha fuerza, pero el sonido resonó con claridad. De inmediato, los dos se quedaron en silencio.
El señor Felipe miró a Ricardo, con una sonrisa ambigua.
—Tu propuesta suena bien... pero ¿no temes que Renata se moleste?
Ricardo sonrió, elegante, y respondió con calma.
—Renata y yo ya hicimos las paces. Si desea vivir en mi residencia, ocuparía el edificio principal. Ese pabellón simbolizaba n