Lo miré; no me atreví a añadir nada más. Después de haber fingido con tanto empeño que quería abandonar esa guarida de bandidos, si en ese momento rechazaba la "buena intención" de Ricardo, iba a despertarle sospechas al señor Felipe.
—Ven, ven, mira lo que te traje.
Una vez resuelto el asunto de la residencia, el señor Felipe recuperó su aire paternal y me llevó a ver la recompensa que había preparado. Era una perla luminosa enorme, del tamaño de mi puño, que además mandó a traer una caja relle