“Darío" respondió de inmediato con voz tosca:
—Entonces muévete. Termina rápido y vuelve a servirme bien.
—Sí, iré y volveré enseguida.
Guardé la "carta" doblada en el bolsillo y me dirigí para la puerta.
Tal como esperaba, apenas llegué, dos guardias me bloquearon el paso.
Fingí miedo, los miré y me volteé hacia Mateo:
—Darío, ¿quiénes son? ¿Por qué me detienen? ¿Qué quieren?
—¿Por qué gritas? Son hombres del señor Felipe. Seguro tienen algo que decirte.
Mientras hablaba, "Darío" se acercó y me