Waylon alzó un poco las cejas, con una sonrisa sutil pero rebelde.
No le respondió a la señorita Alma, ni tampoco se puso bravo por la reprimenda que ella acababa de darle; al contrario, giró la cabeza y llamó en voz alta a la vendedora:
—¿Oíste? La joya del señor Felipe, Renata, regresa hoy del extranjero. Ve a prepararle varios vestidos de alta costura. Cárgalo a mi cuenta.
Cuando escuchó eso, la señorita Alma pareció relajarse un poco.
—Al menos sabes comportarte —dijo con desprecio hacia Way