Pero él parecía no haber escuchado ni una palabra. Me miró con cara seria y se rio:
— ¿Vivir tu vida? ¿Eso es lo que tú llamas vivir? ¿Depender siempre de un hombre? ¿Prefieres estar con cualquiera antes que conmigo? ¿No soy suficiente o es que no soy como ellos?
— ¡Ya basta, Mateo! ¿Por qué siempre tienes que verme con esa cara? —lo miré con los ojos llenos de tristeza y una voz que apenas me salía—. Sí, antes era una niña boba y consentida, hija de una familia con plata. Pero desde que todo se