Cuando vi esa frase, por fin sentí mi corazón inquieto calmarse poco a poco. Vaya, me asusté; pensé que iba a hacer algo peligroso. Entonces asentí y luego, obediente, me recosté otra vez.
Él me miró en silencio durante un buen rato y después tomó la hoja con la que habíamos "conversado" para dirigirse al baño.
Algo aturdida, me quedé mirando su espalda y parpadeé.
Él seguía sonriendo muy sutilmente, como de buen humor. Además, la forma en que me había dado unas palmaditas en el hombro para tran