De todas formas, yo no le iba a creer; solo iba a pensar que Henry se había equivocado o que todo había sido un malentendido. Henry tampoco dijo nada más; se quedó agachado cerca de la escalera abrazando su recipiente. Waylon inhaló un poco, como si por fin pudiera controlar la rabia que tenía por dentro.
En voz baja le dije:
—Olvídalo; mira, el muchacho también da lástima, así que no se enoje con él.
Waylon miró a Henry y, la verdad, ya no quiso seguir discutiendo. En cambio, me lanzó una mirad