—Tú estate tranquilo, que tu esposa no sufrió ningún daño; al contrario, ahora está mejor que nunca —aseguró él.
Mateo se asustó un poco y, sin poder creerlo, preguntó:
—¿En serio?
Pedro sonrió.
—Claro que es cierto, acabo de verla. Además, Alma no es mala por naturaleza. Ella simplemente desprecia a los hombres, no va a lastimar a una mujer sin una razón.
Mateo apretó los labios, pero seguía muy inquieto. De cualquier forma, tenía que rescatar a Aurora. Solo cuando ella estuviera a su lado podría estar tranquilo. Pedro lo miró y, cuando vio la decisión en sus ojos, entendió todo mejor. Si la situación fuera al revés y fuera Sofía quien estuviera en manos de otros, él también se volvería loco de desesperación. Sin embargo, las cosas no eran tan fáciles como meterse a lo loco para rescatarla. Con la forma de ser de la señorita Alma, que despreciaba a los hombres y se burlaba del amor, las cosas podían ponerse mucho peor.
Después de pensarlo un momento, Pedro le dijo a Mateo:
—Sé que qui