—Tú estate tranquilo, que tu esposa no sufrió ningún daño; al contrario, ahora está mejor que nunca —aseguró él.
Mateo se asustó un poco y, sin poder creerlo, preguntó:
—¿En serio?
Pedro sonrió.
—Claro que es cierto, acabo de verla. Además, Alma no es mala por naturaleza. Ella simplemente desprecia a los hombres, no va a lastimar a una mujer sin una razón.
Mateo apretó los labios, pero seguía muy inquieto. De cualquier forma, tenía que rescatar a Aurora. Solo cuando ella estuviera a su lado podr