Él incluso estuvo dispuesto a hacer un sacrificio muy grande para poder sacarme de ahí. Parece que, después de todo, le importaba mucho trabajar con Mateo. Sin embargo, la señorita Alma no se dejó convencer. Se mostró arrogante y sonreía, sobrada.
—Ya te dije que yo solo quiero a la mujer que dices amar tanto. Aunque me dieras todo tu mando, yo seguiría queriendo a esa esposa tuya —respondió ella.
Parecía muy convencida de que Pedro no iba a ofrecer a su propia mujer a cambio. Por eso se veía ta