—Sé que no le temes a la muerte —dijo con tranquilidad—, pero sí te da miedo que a tu esposa le pase algo malo. Si tú y ella caen en ese juego suyo... dime, ¿crees que ella sea capaz de lastimarte? ¿O más bien tú podrías lastimarla?
Al escuchar eso, Mateo sintió una opresión fuerte en el pecho. Sabía que Aurora jamás podría hacerle daño, y él mucho menos a ella.
Pedro prosiguió:
—Ninguno de los dos sería capaz de lastimar al otro. Así que el resultado final solo puede ser uno, morir juntos.
—¿El