—Sé que no le temes a la muerte —dijo con tranquilidad—, pero sí te da miedo que a tu esposa le pase algo malo. Si tú y ella caen en ese juego suyo... dime, ¿crees que ella sea capaz de lastimarte? ¿O más bien tú podrías lastimarla?
Al escuchar eso, Mateo sintió una opresión fuerte en el pecho. Sabía que Aurora jamás podría hacerle daño, y él mucho menos a ella.
Pedro prosiguió:
—Ninguno de los dos sería capaz de lastimar al otro. Así que el resultado final solo puede ser uno, morir juntos.
—¿Ella tiene que hacer eso? —preguntó Mateo; en su voz se notaba la furia.
Pedro se recostó en el asiento y miró al frente, como si estuviera en otro lugar.
—Ella antes era buena persona... pero lo que pasó hace años la destruyó por completo. Mientras no suelte ese rencor, nada va a cambiar.
—Entonces, ¿si logramos aclarar lo que pasó en ese tiempo, me va a devolver a mi esposa? —preguntó Mateo.
Pedro se sorprendió un momento y se quedó mirándolo.
Mateo continuó hablando firme:
—He decidido meterm