La irritada señorita Alma suspiró y blanqueó los ojos; era obvio que no le importaba mucho el asunto. Cuando vi que no se enojaba, me animé a acercarme un poco a Pedro. Tenía más curiosidad que miedo. ¿Qué clase de secreto me quería decir?
Se veía muy confiado con esa sonrisa segura. Me hacía pensar que en serio creía que con un par de palabras me iba a convencer de seguirlo. Aunque, si era honesta, solo una cosa me podía hacer cambiar de opinión: noticias de Mateo. Parecía que me estaba leyendo