Traté de hacerme bolita. Intentaba parecer lo más pequeña que podía porque tenía mucho miedo de que su pelea me terminara afectando a mí también.
Aunque…
¿En serio ese hombre era el mismo Pedro del que todo el mundo hablaba? Miré hacia arriba y lo observé con mucha cautela de pies a cabeza.
¡Dios todopoderoso! ¿Cómo podían tener esos genes tan perfectos?
La señorita Alma era preciosa, una belleza única en el mundo, pero el tal Pedro... ¡era tan atractivo que parecía de otro mundo!
Pero si me ponía a pensar, había escuchado que esos dos eran enemigos a muerte y que se odiaban desde hacía años. Sin embargo, al verlos ahora uno frente al otro, no parecían tan agresivos como decía la gente. Sobre todo Pedro, que la miraba con mucha paciencia, como un hermano mayor que todavía quiere a su hermanita.
Mientras yo le daba vueltas a eso, la señorita Alma le dijo de repente:
—Me enteré de que entraste al castillo de Jeison... y que hasta le disparaste.
Sentí que el corazón me daba un vuelco. ¿Pe