—Eso fue porque él mismo lo pidió —respondió la señorita Alma con indiferencia—. Yo ya tenía a otra persona en mente, pero él insistió en demostrar su lealtad y fue a pedir ese puesto ante el consejo de la familia.
Lo entendí de inmediato, ella le tenía rencor por haberle quitado el lugar al candidato que ella quería.
—Pues, a decir verdad, que Henry sea su guardaespaldas principal no está mal, ¿sabe? Él es muy leal con usted, y además es fuerte... —intenté calmar las cosas, pero cuando la señorita Alma me lanzó una mirada cortante, me callé de golpe. Mejor no meterse en lo que a uno no le incumbe.
—Ya está —dijo ella, molesta—. Hablar con ustedes es aburridísimo. Me voy a descansar. Quédate en la jaula y diviértete sola.
Se puso de pie y empezó a subir las escaleras.
—¿Hasta cuándo piensa tenerme encerrada aquí? —le pregunté rápido.
Ella se detuvo, volteó un poco la cabeza y sonrió con desprecio.
—Hasta que tu esposo venga a buscarte, por supuesto.
Hasta que Mateo venga...
Dicho así,