Me asusté tanto que me senté de golpe en la cama.
—¿Tú qué haces aquí? —le pregunté.
Miré para todos lados y me acordé de todo en un segundo. Era cierto, la señorita Alma ya me había sacado de la jaula y este era el cuarto que ella me había dado especialmente.
—¿Quién te dio permiso de entrar? —le dije con mucha seriedad—. Este es mi cuarto, ¡lárgate de aquí!
Jeison me miró con una sonrisa cruel.
—Vaya, sí que eres lista, ¿eh? —dijo él—. Lograste engañar muy rápido a la señorita Alma para que te