—¡Aurora Cardot!
Era la voz de Mateo, con un tono agresivo, como salida del mismísimo infierno.
Parecía estar seguro de que era yo, y su voz daba miedo.
Contuve la respiración, sin atreverme a colgar ni a decir nada.
¿Qué debía hacer ahora?
Mientras pensaba en qué hacer, alguien golpeó la puerta.
Creí que era Ryan y me brillaron los ojos. Corrí rápido a abrir.
Era él.
Ryan se quedó sorprendido, pero antes de que pudiera decir algo, le hice una señal para que guardara silencio y le pasé el celula