De repente, su corazón dio un brinco sin razón aparente.
Inmediatamente, se giró hacia ese lado, pero solo alcanzó a ver el borde de una prenda que desaparecía en la esquina del muro. Casi sin pensarlo, dio un paso en esa dirección.
Sin embargo, al instante siguiente, dos guardaespaldas se pusieron frente a él y le apuntaron con sus armas.
Waylon se molestó.
—¡Lárguense!
El guardaespaldas respondió con tono firme:
—Este es el territorio del señor Pedro. No permitimos provocaciones. Si no se va