En ese momento, estaba sola en la habitación, enfrentando el miedo a lo desconocido que me esperaba.
De repente, creí escuchar que alguien decía mi nombre.
La voz era muy baja, pero se parecía muchísimo a la de Mateo.
Pensé que estaba soñando, que lo extrañaba tanto que estaba alucinando.
Hasta que esa voz se escuchó justo detrás de la puerta, clara y real.
Entonces supe que no era una ilusión: Mateo había venido a rescatarme.
En ese instante, la sorpresa y la emoción me llenaron el pecho y se l