Los dos guardaespaldas se miraron y, enseguida, avanzaron con las armas en alto y con cuidado hacia donde se había escuchado el ruido.
Mateo aprovechó y se metió rápido al castillo para esconderse.
La planta baja estaba casi vacía; la iluminación era baja y el ambiente se sentía lúgubre e inquietante. Mateo subió de inmediato al segundo piso. Apenas llegó arriba, todo cambió por completo: la decoración de estilo europeo se veía muy lujosa.
Mateo encontró la habitación de la mujer muda. Se paró f