Capítulo 1642
Pero un segundo después, el corazón me dio un brinco.

En la sala de juegos, aparte de todo tipo de juguetes, no había ni rastro de los niños.

Yo ya estaba intranquila, pero al no verlos, sentí una angustia peor y la mente me quedó en blanco.

Doña Godines se veía tranquila; de hecho, me dijo sonriendo:

—¿Cuándo se despertaron? Cuando subí hace un ratico, todavía los vi dormidos —al oírla, me calmé un poco; mientras los niños siguieran dentro de la casa, todo iba a estar bien—. Seguro se volviero
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