Mi pánico fue instantáneo.
Pasmada, me quedé mirando a la persona que salió del salón. Aunque no era Mateo.
Al instante, sentí una mezcla de decepción y de alivio que no podía explicar.
Todavía quería asomarme por la rendija de la puerta para ver adentro, pero cerraron rápido.
La persona me miró raro y se fue a un lado a contestar el teléfono.
Bajé la mirada y suspiré.
¿Qué más quería yo?
Así estaba bien, ¿no?
¿Por qué insistía en verlo, si verlo no iba a cambiar nada?
Y si él me veía y se volví