Las puertas del elevador se abrieron. Yo salí tomada de la mano de los dos pequeños.
Embi me miró, confundida:
—Mami, ¿por qué le dijiste mentiras al papi? Además yo no te pedí que me contaras un cuento.
Me incliné para besarle la frente.
—Porque quiero darle una sorpresa a tu papi.
Embi se confundió aún más y miró a Luki.
Luki, medio dubitativo, respondió:
—Es como… mami dice que no va a venir, papi se pone triste, y cuando llegamos de repente, él se pone más feliz todavía. Mmm… creo que es así