Cuando él dijo esas palabras, parecía sentirse el rey del mundo.
Pero ¿por qué yo alcanzaba a ver en sus ojos un rastro de inquietud y preocupación?
¿Era que incluso ahora que podía volver a sonreír, él seguía sintiendo un miedo profundo?
Era normal. Habíamos pasado por demasiado.
Aunque llevábamos años casados, el tiempo que de verdad habíamos estado bien juntos no había sido mucho.
Me incliné hacia su pecho y abracé su cintura.
Le hablé con firmeza:
—Mateo, no será solo este momento… desde hoy