El tubo de crema salió volando y se estrelló directo contra alguien que acababa de aparecer en la puerta.
La empleada se levantó rápido y, nerviosa, dijo:
—Javier, e-ella no quiso la crema… y además se arrancó el catéter, yo…
—Sal de aquí —dijo Javier, serio.
La empleada asintió rápido y salió corriendo.
Javier se agachó, recogió el tubo del piso y se acercó con una sonrisa tranquila.
—Ustedes, las mujeres, siempre quieren verse bonitas, ¿no? Esta crema…
—¡Lárgate, me das asco! —le grité con r