No sabía cuánto tiempo había estado desmayada. En mis sueños todo era negro, una oscuridad que no se acababa nunca. Por más que corría, no veía ni un poquito de luz. De repente, pisé en falso y sentí que me caía a un pozo sin fondo.
Me desperté, asustada por la sensación de caída; me costaba respirar y sentía un dolor en mi pecho lleno de miedo. Incluso dormida, esa angustia y ese terror seguían encima de mí hasta dejarme sin aire.
Pasó un buen rato antes de que poco a poco empezara a acordarme