Alan e Indira corrieron hasta la camilla.
—Mateo, Mateo… —gritó Indira, ansiosa, pero él no reaccionó.
Alan miró al médico y le preguntó:
—Esta mañana dijeron que ya no corría peligro y ahora lo atendieron otra vez. Ya no debería haber ningún problema grave, ¿cierto?
El médico asintió.
—Sí, no hay peligro de muerte, pero la herida es profunda y está muy cerca del corazón, así que necesita tiempo para recuperarse. Pueden ir adelantando los trámites de hospitalización.
—Bien, voy ahora mismo. —Ala