La ventanilla bajó y un hombre asomó la cabeza, con una sonrisa amenazante.
—Qué coincidencia, Aurora.
Ese hombre no era otro que Waylon.
No sabía cómo habían manejado la situación cuando se fue la luz anoche en el vestíbulo. Lo único seguro era que Waylon no había quedado satisfecho con lo que había pasado.
Él y Henry todavía no se habían ido de Ruitalia; seguramente estaban pensando en venir a buscarme para ajustar cuentas.
Pero ya daba igual.
Mateo estaba gravemente herido mientras yo… yo me