—Quién diría que Carlos fuera tan fiel —comentaron algunos.
—Sí, si mi prometida me traicionara así, en plena boda y con otros hombres, yo la mataría.
—Exacto, la belleza de Camila volvió pendejo a Carlos; no tiene ni un gramo de carácter. Qué vergüenza para los hombres.
—Y además, ¿no le da miedo contagiarse algo? A esa mujer ya no se le puede ni tocar.
Carlos pareció no escuchar esas burlas hirientes. Fue mi padre el que no lo soportó y agitó los brazos, pidiendo silencio.
—Carlos…
Cuando escu