En ese momento, escuché un estruendo desde la entrada del salón, acompañado por esa voz dulce y empalagosa que solo Camila tenía. Carlos abrió los ojos de golpe, con el cuerpo entero temblando, pero no se atrevió a voltear. No se atrevió a ver en qué estado se encontraba Camila. Se quedó tenso, quieto como una estatua, con los puños cerrados.
Casi todos voltearon hacia la entrada. Y allí, Camila fue arrojada al suelo por los hombres de Miles, como si fuera basura.
Todavía traía puesto el vestid