Tuve que aguantarme la risa.
En ese momento, Camila debía de estar "pasándola bien" con esos tres indigentes. Deslicé la mirada hacia la cuenta regresiva para el inicio de la ceremonia.
5, 4, 3, 2, 1...
Algo inesperado apareció en la gigantesca pantalla.
—¡Ah! —un grito acompañó el momento.
Empezaron a escucharse arcadas y ruidos, mezclados con las risas asquerosas y morbosas de varios hombres. La ceremonia estaba programada exactamente a las doce del mediodía, por eso yo había ordenado a Mil