—¡Ay! —suspiré con aire de tristeza—. No es más que Jeison, no es de extrañar que se haya convertido en el favorito de la señorita frente a ustedes. ¡Dios, de verdad es increíble…!
—¡Ja! —De repente se escuchó una carcajada de desprecio del otro lado del teléfono.
La voz no sonaba como la de Waylon. Tal como imaginé, apareció Henry con su tono despectivo:
—¿Qué tan increíble puede ser? No es más que alguien que se ha ganado todo por su cara y esa actitud afeminada que tiene. ¿Qué tiene de impres