Apenas terminó de hablar, Camila hundió el cuchillo en el abdomen de Bruno sin ninguna vacilación.
Yo sentí que todos mis vellos se erizaban del susto.
No podía creerlo: Camila en serio había atacado y, además, con una fuerza brutal.
El dolor deformó por completo la cara de Bruno, que antes parecía tan atractiva.
Apretó los dientes, y su voz, desgarrada por la agonía y el odio, tembló:
—Tú… tú eres cruel…
Camila sonrió con indiferencia:
—Eres un idiota. Si en tus manos todavía existieran pruebas