Bruno la miró en silencio; en su cara pálida no había más que dolor y rabia, nada más.
Sin embargo, Camila continuó con su espectáculo.
Observó sus manos manchadas de sangre y el cuchillo tirado en el suelo, también cubierto de rojo, y empezó a gritar como si estuviera colapsando:
—¡Fui yo! ¡Fui yo la que apuñaló a Bruno, ¿cierto?! Perdón… ah… ¿cómo pudo pasar esto? Yo no sabía… Bruno, perdón, ¡no sabía por qué terminó así! Bruno, no me asustes, ugh…
Lloró con tristeza y pánico, haciendo como si