Apenas ese hombre dio la orden, dos guardaespaldas salieron disparados e inmovilizaron a Bruno por completo.
En ese instante, Camila ya estaba de pie junto a él.
Bruno la miraba, incrédulo:
—Camila…
Ella le respondió, con una sonrisa llena de alegría:
—Ya te lo había dicho. Te traje al mar para matarte. ¿De qué te sorprendes tanto?
—No… no puede ser…
La cara de Bruno estaba tan pálida como papel.
—Tú dijiste que ese plan de matarme era falso… dijiste que querías irte conmigo al extranjero… Tú ll