Parece que ya me voy acostumbrando poco a poco a esta nueva vida, y la verdad, no está para nada mal.Al día siguiente, como siempre, me levanté temprano para ir al trabajo. El día estuvo lleno de cosas por hacer, y ya en la noche tomé el bus de vuelta a casa.
Tener la mente ocupada me ayudaba a tranquilizarme, y pensar en esas historias de amor ya no me dolía tanto.
Esa tarde, cuando volví, compré una bolsita de fideos y un par de huevos en una tienda del barrio.
Cocinar no es tan fácil, así que