Con esto, la hostilidad de Henry hacia mí pareció haber desaparecido casi por completo.
—¡Arriba, arriba! —aun así, me gritó, firme, mientras tomaba una vara de entrenamiento y golpeaba el borde de la cama, presionándome para que me levante.
Recordé que yo antes me había despertado porque sentí la cama temblar.
—¿Acabas de patear mi cama? —lo miré, molesta.
—¿Si no la pateo cómo te despierto? Te llamé dos veces y no reaccionaste.
Bueno… esa noche estuve pensando en Mateo y terminé sin poder dorm