¿Y cómo no explicarlo? Si no lo hacía, iba a imaginar cualquier cosa.
Con eso en mente, lo vi girarse para marcharse. Abrí la puerta del auto de prisa para bajar, pero al poner el pie en el suelo, se me dobló en el peor momento.
Grité y mi cuerpo se fue hacia adelante.
Al instante, un brazo firme sujetó mi cintura y terminé completamente hundida en un pecho fuerte.
Ese olor familiar me golpeó. Los recuerdos dulces que había tratado de enterrar regresaron de golpe, removiendo un dolor punzante en