—¿Cómo podría ser así? —Javier me miró sonriendo.
—Nuestra boda va a ser grandiosa, te lo aseguro.
—No. Ahora hay tantos hombres falsos… antes de firmar el acta prometen el cielo y después de casarse ya nada cuenta. No, no, no, quiero que celebremos la boda primero y recién después vayamos a registrarnos.
Javier me observó sin parpadear; en su mirada había algo intenso, difícil de leer. No sabía si me creía. A veces sentía que sí sabía que lo estaba engañando, otras veces parecía ignorarlo todo.